Cuando conté mis planes de ir a Beirut, recibí mucho escepticismo: guerra civil, Hezbolá, una situación inestable. Los hechos: la guerra civil terminó en 1990, el último conflicto importante fue en 2006, y como turista apenas se percibe a Hezbolá en el día a día. Tras algo de investigación y un vistazo al tiempo, partí en mayo.
Visado, entrada y vuelos
El requisito más importante: no debes tener ningún sello israelí ni un visado israelí válido en el pasaporte. El visado en sí se obtiene sin complicaciones a la llegada; los formularios se reparten durante el vuelo.
La mayoría de los vuelos a Beirut salen a horas poco cómodas. Desde España, la mayoría de los vuelos hacen escala en Estambul (con Turkish Airlines o Pegasus) o pasan por otros hubs; desde Madrid o Barcelona también hay opciones vía Estambul, y donde es posible con MEA o Iberia en combinación con otras aerolíneas, por lo general entre 250 y 350 €. En el aeropuerto retiré enseguida libras libanesas (LBP); sobre el terreno se prefiere la moneda nacional. La gente me impresionó de principio a fin por su fiabilidad y amabilidad.
Dónde alojarse y hoteles
Dos zonas resultan idóneas:
Hamra es el barrio turístico y de ambiente: muchas cafeterías, bares y restaurantes, a cualquier hora. No es especialmente elegante y es ruidoso, pero está lleno de vida.
Mar Mikhael / Armenia Street es más tranquilo, con cocina de alto nivel y clubes cerca: unos 45 minutos a pie desde Hamra, o en taxi por 15.000 a 20.000 LBP.
Mis hoteles recomendados:
- 35 Rooms – pequeño hotel boutique, habitaciones sobrias y con estilo, personal que habla inglés, organiza taxis a precios justos.
- Caramel Boutique Hotel – elegante, con su propio bar, en pleno barrio de ambiente de Hamra.
- Hamra Urban Gardens – bar en la azotea, piscina, gimnasio y cafetería. Mi favorito para la próxima visita.
Beirut es contradictoria, ruidosa, cálida, y gastronómicamente magnífica. Quien se atreve, sale recompensado.

