La región de Dobruja, entre el Danubio y el mar Negro, fue durante siglos una manzana de la discordia entre los Estados ribereños. En su parte búlgara se encuentra el legendario cabo Kaliakra, hoy un bonito destino con restaurantes y cafés, cuyos acantilados escarpados de 70 metros de altura brillan con tonos rojo y oro según la luz del sol. Con suerte se avistan delfines, focas y pequeños tiburones del mar Negro.
La Puerta de las cuarenta doncellas
Muchas leyendas rodean el cabo. La más conmovedora habla de cuarenta hermosísimas búlgaras que fueron capturadas durante la ofensiva otomana y encerradas en una cueva del acantilado. Debían ser entregadas como recompensa a los guerreros más valientes.
La más valiente propuso atar juntas sus largas trenzas rubias y saltar todas a la vez, para preservar su honor. Mientras el sol se desplazaba hacia el oeste, se colocaron en fila al borde del abismo y se lanzaron al vacío con los brazos abiertos. Las cuarenta fueron engullidas por las olas teñidas de rojo. Hasta hoy, los búlgaros llaman a esta parte del cabo «la Puerta de las cuarenta doncellas».
Leyenda narrada por Elisaveta Sovtova · Extracto de «Schoppska» de Maria Kahl, Bulgaria 2013.

